El Porsche 911 casi muere en 1981: la historia del CEO que lo salvó
El Porsche 911 es hoy un ícono indiscutible del automovilismo y un objeto de culto para los coleccionistas, pero a finales de la década de los 70, su futuro estaba sentenciado a muerte dentro de las propias oficinas de Stuttgart. La junta directiva de la época, liderada por el ingeniero Ernst Fuhrmann, compartía la visión de que el diseño con el motor colgado por detrás del eje trasero era un callejón sin salida técnico. Argumentaban que las normativas de seguridad y emisiones de Estados Unidos —el mercado que históricamente nutría también el interés en México— acabarían por prohibir el auto.
La estrategia oficial de la compañía consistía en congelar el presupuesto de desarrollo del 911 y dejar que las ventas cayeran por inercia, mientras los esfuerzos comerciales se volcaban en la nueva gama de motores delanteros refrigerados por agua: el compacto 924 y, fundamentalmente, el sofisticado Porsche 928, el cual estaba destinado a convertirse en el heredero legítimo de la marca, una decisión que habría cambiado el ADN de competencias tan ligadas a Porsche como la Carrera Panamericana.
Peter Schutz y la línea en la pared
La salvación del mito llegó de la mano de un ejecutivo germano-estadounidense llamado Peter Schutz, quien asumió el cargo de CEO de Porsche el 1 de enero de 1981 en medio de una profunda crisis de moral interna y ventas a la baja. Schutz, dotado de un agudo instinto comercial y una profunda empatía por el legado de la marca, comenzó a entrevistarse con los ingenieros y mecánicos, descubriendo que el personal seguía amando al 911, pero se sentían frustrados al tener prohibido mejorar el coche.
La anécdota que cambió la historia del automóvil ocurrió en la oficina del jefe de desarrollo de Porsche, Helmuth Bott. En la pared de la oficina colgaba un gráfico técnico que mostraba las líneas temporales de desarrollo de los tres modelos de la empresa (924, 928 y 911). La línea del 911 se detenía abruptamente en el año 1981, marcando el fin programado de su producción. Schutz, al ver el gráfico, caminó hacia la pizarra, tomó un marcador negro indeleble y extendió la línea del 911 por toda la pared, pasando de largo la pizarra, cruzando la puerta de la oficina y continuando por el pasillo exterior hasta donde pintó el marcador.
"Hagamos esto", le dijo Schutz a un asombrado Bott. "Vamos a salvar al 911".
El renacimiento del ícono
La orden de Schutz no fue un simple capricho romántico. Inmediatamente desbloqueó los presupuestos para crear el 911 Carrera 3.2, introdujo la variante Cabriolet y potenció la participación de la marca en las carreras de resistencia, utilizando el motor del 911 como base de desarrollo para dominar las 24 Horas de Le Mans. Bajo su gestión, Porsche recuperó la rentabilidad y consolidó la arquitectura trasera del 911 como una firma de ingeniería inamovible, permitiendo que generaciones de entusiastas mexicanos sigan disfrutando hoy de la silueta más pura del automovilismo deportivo.